Una gran noticia fue el que Alemania decidiera parar en algunos años sus reactores nucleares tras la catástrofe de Fukushima en Japón.
La larga tradición de protestas antinuclaeares en Alemania ha tenido su efecto, aunque sea sobre la base accidental de la desgracia ajena al otro lado del planeta. Los reactores nucleares dejarán de operar en el año 2022.
Ahora llega otra noticia relacionada con la cuestión nuclear, pero de un cariz muy distinto. En una zona geográfica como Oriente Medio, Alemania ha realizado una venta considerada de alto riesgo por los analistas políticos.
Se trata de tres subamrinos fabricados por el consorcio Thyssen que posibilitan a Israel, con un sistema hidrahúlico especial, lanzar misiles de crucero con cabezas nucleares. Además de esta primera entrega, hasta el año 2017 está prevista la producción y venta subevencionada de tres submarinos más.
Añadiendo a esta cuestión las exportaciones millonarias de armamento a Grecia, que algunas voces criticaron como condición obligada extraoficial a cambio del primer rescate financiero del país, Alemania se está conviertiendo en país puntero para la exportación de armamento pesado y de ataque masivo.
Otro asunto polémico en los pasados meses fue la exportación de tanques al régimen dictatorial de Arabia Saudí, lo que costó fuertes críticas al gobierno de Berlín.
En los temas relacionados con Israel, se habla a menudo en la prensa del complejo de culpabilidad alemán por el genocidio judío. Por esta responsabilidad histórica, Alemania debería hacer el papel protector del Estado de Israel. Pero sería necesario actualizar este análisis, ya que justifica poco de lo que hace Alemania en la actualidad. No hay justificación para poner un lanzallamas en manos de un pirómano.
Una parte del coste de los submarinos será subvencionado por el gobierno alemán con dinero público, costando a los contribuyentes alemanes 135 millones de euro cada submarino nuclear. Precisamente en un momento en que los “pagadores de impuestos alemanes” se sienten irritados por las ayudas financieras a países de la eurozona en los procesos llamados “rescates”.
El gobierno alemán ha mantenido una actitud muy discreta ante la publicación del secreto de la venta por parte de autoridades israelíes. Solamente el Ministerio de exteriores alemán comunicó: “el derecho de Israel a vivir de forma segura es una de las coordenadas elementales de la política alemana para el Oriente Medio“. Esto según informaciones de Der Spiegel.
Una contrapartida sería el compromiso por parte del gobierno israelí de parar la política de asentamientos de colonos en la Franja de Gaza.
La posibilidad de carga de ojivas nucleares de los submarinos entregados ha provocado por su parte la crítica de los partidos de la oposición SPD -socialdemócratas- y Die Grünen -los verdes-.
Según la oposición, la contrapartida por la venta – parar los asentamientos- ya ha sido reiteradamente imcumplida en otras exportaciones de armamento anteriores que incluían la misma claúsula.
Submarinos del grupo Thyssen Clase 214
Según informaciones de Der Spiegel online son muy cotizados los submarinos Clase 214 construidos por el consorcio Thyssen en su astillero Howaldtswerken-Deutsche Werft en Kiel, al norte de Alemania.
Se trata de submarinos capaces de incluir un sistema de lanzamiento hidrahúlico que permitiría ataques con misiles de crucero con ojivas nucleares.
Por lo demás, es un modelo de submarino propulsado por un sistema de combustión que lo hace independiente del aire exterior, algo que lo convierte en muy silencioso además de permitirle mantenerse sumergido durante semanas.
Pakistán, un país con armas nuclaeares que no reconoce las existencia de Israel y está desde hace décadas en conflicto abierto con India -otra fuerza nuclear-, también aspira a la compra de los mismos. La decisión no ha sido aún tomada por el Consejo de Seguridad del Parlamento alemán.
Pedro Aranda / Revista Berlín

