Adolf Hitler y los alemanes: propaganda guerra y genocidio. Interpretación de Hans-Ulrich Thamer.

Últimos días para visitar la exposición “Hitler y los alemanes: nación y crimen”, cuyo periodo de apertura al público se ha ampliado debido a la cantidad de visitantes recibidos.

En el Deutsches Historisches Museum (Museo de Historia Alemana) de Berlín, se viene desarrollando desde el 15 de octubre del 2010 la exposición Hitler y los alemanes. Se trata de una exposición que pretende acercar al público, a través de objetos cotidianos de la época, este siempre tan controvertido episodio de la historia de Alemania.

No se trata tanto de exponer el ascenso del nazismo político, el genocido judío, gitano, homosexual y de opositores políticos, y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, temas ya analizados repetidamente en el pasado por diversas exposiciones, sino de intentar dar una explicación a la participación masiva de la sociedad alemana de la época en el movimiento nazi; el “nazismo social”, por denominarlo de alguna manera.

Cartel de la exposición “Hitler y los alemanes”

Conferencia y visita guiada de los comisarios de la exposición Hitler y los alemanes

El día 26 de enero, los visitantes de la exposición nos encontramos con la grata sorpresa de una conferencia de dos comisarios de la exposición Hitler y los alemanes. Se trata del doctor en historia Hans-Ulrich Thamer, profesor en la Universidad de Münster, y de Klaus-Jürgen Sembach, arquitecto y escritor. Al finalizar la misma, realizaron una visita guiada de la exposición a puertas cerradas para los asistentes.

El historiador profesor Hans-Ulrich Thamer se dedicó a explicar la lógica históricoargumentativa de la exposición, mientras que el arquitecto Klaus-Jürgen Sembach se encargó de las cuestiones más formales-estructurales de la misma. Para ello, los visitantes se dividieron en dos grupos.

El profesor Hans-Ulrich Thamer sobre Hitler y los alemanes

Durante un par de horas, el historiador Hans-Ulrich Thamer explicó a un grupo de asistentes su intención narrativa, el concepto fundador de la exposición. La idea central era la siguiente: acercar a los visitantes a la victoria y desarrollo del nazismo y Hitler a través de objetos de la vida cotidiana de aquel momento histórico.

Este objetivo se conseguía a través de la muestra de muy diversos objetos de la vida cotidiana: carteles, pinturas, enseres, uniformes, juguetes, joyas, etc. Desde cartas de niños enviadas a Adolf Hitler como felicitación de cumpleaños, hasta un gran águila de metal que había presidido un emblemático edificio nazi. Incluso un farolillo de fiesta con la cruz gamada nazi y los colores del régimen.

A modo de ejemplo, destacaba el profesor Hans-Ulrich Thamer, que la fecha de las cartas de felicitación de los escolares para Hitler, que databan del año 1932, nos permitía comprender cómo la construcción de la figura del líder adorable e infalible alrededor de Adolf Hitler a través de la propaganda venía de muy pronto en el movimiento nazi.

Hitler, el héroe de los niños y el padre deseado por las jóvenes. El papel propagandístico de la fascinación

Esta es una de las cuestiones más polémicas relacionadas con la temática de la exposición Hitler y los alemanes. ¿Cómo pudo Adolf Hitler conseguir tal influencia y admiración entre el pueblo alemán, a pesar de sus ideas fanáticas y autodestructivas para la propia sociedad alemana?

De nuevo, el profesor Hans-Ulrich Thamer nos ofrece una interesante interpretación sobre la controvertida cuestión del carisma del líder absoluto, Hitler “el Führer”: no se trata tanto de una cualidad única que posea el individuo en sí mismo, sino de algo que ya está presente en las masas mismas. Consiste en una intensa interacción, en la que el líder solamente actúa a modo de director de orquesta.

Adolf Hitler gestiona una fuerza que ya está ahí presente, no la genera de la nada. Si a eso añadimos una excelentes dotes retórica y agitadora como Hitler poeseía, nos encontramos con un cocktel explosivo.

El deseo de encontrar a un líder que llevara al éxito a la sociedad alemana era tal, que hoy en día resulta difícil entender un entusiasmo tal, que llevó por ejempo a un grupo de obreros del metal a trabajar voluntariamente en una enorme caja que sería entregada como regalo a Hitler en una celebración del primero de mayo.

Un elemento fundamental a tener en cuenta es la búsqueda de la salida a la frustración acumulada por el periodo de entreguerras, que consolidó en forma de odio a los diferentes en la sociedad: judíos, gitanos, oponentes políticos, etc. Adolf Hitler y el movimiento nazi catalizaron la frustración de la sociedad elamana en esta dirección.

El sentimiento colectivo de necesidad de un liderazgo fuerte y la maquinaria de propaganda nazi consiguieron convertir al hombrecito Adolf Hitler en héroe para unos, hombre deseado por otras, como si de una de las actuales estrellas deportivas o musicales se tratara. La fe inquebrantable en el Führer se convirtió la norma absoluta a observar, bajo sospecha de traición al pueblo alemán representado en Hitler.

Un papel relevante en este proceso de fascinación por el líder lo jugaron las élites económicas de la Alemania del momento. Según el profesor Hans-Ulrich Thamer, no tanto por un apoyo económico directo de las mismas a los nazis, sino por el apoyo social y político recibido de ellas.

Portada del catálogo de la exposición “Hitler y los alemanes”

Pertenencia al grupo de los ganadores y el papel totalitario de la violencia

Los nazis se sirvieron desde el principo de las prácticas autoritarias prusianas. Las mismas técnicas de la autoritaria policía prusiana fueron utilizadas en grupos parapolicialeas y de choque subordinados al entramado social del partido nazi.

El uso de la violencia no solamente era una forma de amedrentar a los opositores políticos, sino una muestra práctica de la claridad de ideas: el nazismo era el único camino. Así lo razaba uno de los carteles de la exposición, cuyo lema er: “Hitler, nuestra única esperanza”. La violencia como símbolo de la determinación necesaria en momentos de incertidumbre.

Al mismo tiempo, los uniformes contrarios a los trajes del burgués de salón, mostraban también determinación en la acción y rechazo de la vieja sociedad, en un alarde de presentarse como algo totalmente nuevo y limpio de la podredumbre política corrupta anterior.

El uso de la fuerza sirvió al movimiento nazi, primero para realizar una acumulación de fuerzas, segundo para eliminar la democracia. Por último, para la instauración con un liderazgo absoluto como guía de objetivos en tiempos oscuros, que acabaría convirtiéndose en objetivo en sí mismo.

Los uniformes jugaban un doble papel: por un lado militarizar y unifirmar la vida civil a través de las organizaciones sociales controladas por el partido nazi, aumentando el sentiemiento de pertenencia y cohesión. Por otro, establecer un nuevo tipo de jerarquía.

Ya hubo certeros análisis del peligro de la masa uniformizada y teledirigida como elemento supresor de la libertad individual. Cabe destacar la denominada Escuela de Fráncfort, con los filósofos Theodor Adorno y Max Horkheimer a la cabeza.

Carteles y propaganda: “Hitler, nuestra única esperanza”

Una de las cuestiones sobre las que el profesor Hans-Ulrich Thamer hizo hincapié, fue aquella relacionada con la máquina de propaganda nazi.

El uso innovador en diseño de carteles de las más modernas ténicas de diseño del momento, resulta fácil de observar si se comparan los cartelesnazis con los de otros partidos políticos del momento. Eran simples y directos, resultando mucho más llamativos y atractivos que los otros.

Los nazis fueron innovadores en la organización actos muy bien organizados hasta el último detalle, como el caso de los eventos de masas en Nurenberg o los Juegos olímpicosnazis. También destacaron en el uso del cine con realización de calidad para fines de propaganda. Sea botón de muestra el Triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl.

Los elementos de propaganda llegaron a tener tanta fuerza, que se acabó instauraurando una especie de religión política pagana. Ejemplo de ello es la presencia en la exposición de una tumba que, en lugar de símbolos religiosos tradicionales, presentaba talladas unas runas paganas, que fueron símbolos usualmente utilizados por la propaganda nazi.

Hitler y los alemanes: Una exposición para neutralizar la fuerza de fascinadora de los símbolos nazis

Sin más, la exposición de Hitler y los alemanes se trata de una interesante y original forma de acercarse sin morbo a la época más oscura y controvertida de la Alemania del siglo XX. En boca de los propios comisarios, se trata de un intento de acercar el público a la experiencia del nazismo por medios de objetos, pero presentando éstos de forma que pierdan toda fuerza de fascinación propagandística.

Esa fascinación que fue capaz de embelesar a la mayor parte del pueblo alemán y a intelectuales del calibre de Martin Heidegger , que acabaron también siguiendo los pasos del nazismo. En el caso de Heidegger, convertido en rector de la universidad nazi, aunque fuera adornando su participación en la construcción del totalitarismo con rocambolescas teorías sobre una supuesta autenticidad originaria que tenía que alcanzar la sociedad alemana.

Además de los objetos de la época, el conjunto de la exposición ofrece a los visitantes completos paneles con textos y fotografías de archivo, para contextualizar desde diferentes perspectivas cada momento del ascenso, apogeo y eclosión del régimen nazi.

Ésta fue una de las ideas repetidas varias veces por el profesor Hans-Ulrich Thamer. La exposición Hitler y los ealemanes trata de ofrecer siempre las dos caras de la moneda para cada uno de los aspectos de la vida bajo el régimen nazi. Se intenta mostrar por un lado la fascinación vivida en la sociedad alemana por el nazismo, al tiempo que las consecuencias reales de la misma.

Tal vez los comisarios de la exposición Hitler y los alemanes compartan aquellas palabras del filósofo Spinoza “No reír, ni llorar ni detestar, sino entender”.

La exposición termina con una muestra de las representaciones sobre Adolf Hitler en las décadas porteriores a la guerra. Si bien su figura estuvo muy ausente de las obras artísticas, las muchas decenas de portadas con presencia de Hitler en la famosa revista Der Speigel muestra que la cuestión del nazismo fue permanentemente tematizada y estudiada en Alemania durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Por último, cabe destacar las múltiples referencias irónicas que el profesor Hans-Ulrich Thamer realizó durante su visita a la exposición, comparando de forma siempre irónica la construcción de los orígenes de la ideología nazi con las ideas difundidadas recientemente por el controvertido expolítico Thilo Sarrazín. Se trata del autor de un reciente libro, en el que sostiene de forma más o menos explícita la idea de que el nivel educativo de los niños en las escuelas alemanas ha bajado debido a la presencia de niños inmigrantes. Tesis polémicas las de Thilo Sarrazín, que han levantado un caluroso debate durante los últimos meses en los medios de comunicación alemanes.

Bromas irónicas a colación de lo escrito por Thilo Sarrazín, que no por el hecho de invitar a la risa dejaban de ser claras advertencias de alarma, para en tiempos de crisis no dejarse llevar por discursos populistas simplones que buscan chivos expiatorios en lugar de analizar las problemáticas sociales en su complejidad real.

Información sobre el Deutsches Historisches Museum (Museo de Historia Alemana)

El Museo de Historia Alemana se encuentra situado en la avenida Unter den Linden num. 2, junto al edificio principal de la Universidad Humboldt, cerca de la Isla de los Museos y de la Alexander Platz. Está abierto al público a diario, de 10:00 a 18:00 horas.

El Museo de Historia Alemana cuenta con una exposición permanente titualada Historia alemana en imágenes y testimonios. Actualmente también está vigente la exposiciónBegas: monumentos para el imperio del Káiser” y, a partir del 25 de febrero, se podrá visitar la nueva exposición temporal: El sigo XX: personas, lugares, tiempos. Dos décadas de colección fotográfica del Museo de Historia Alemana.

El precio es de 6 euros por la entrada para un día completo. La entrada es válida para visitar las diferentes exposiciones presentadas en el museo, tanto las temporales como la permanente. Igualmente, existe la posibilidad de adquirir un abono anual por un precio de 30 euros, que también permite el acceso de un acompañante.

Más información en la página web del Museo de Historia Alemana.

Pedro Aranda / Revista Berlín

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