Rafael Correa y la deuda externa

El pasado 16 de abril Revista Berlín tuvo la oportunidad de asistir como medio acreditado a la conferencia magistral que el señor Rafael Correa impartió en el Aula Magana de la Universidad Técnica de Berlín.

La presencia de Rafael Correa se debía a una visita oficial de Estado a Alemania durante la que se reunió, entre otros, con el presidente alemán Joachim Gauck, la canciller Angela Merkel, y el alcalde de Berlín Klaus Wowerei. Igualmente se encontró con empresarios alemanes, a los que intentó seducir con las potencialidades que el Ecuador de hoy respresenta para las inversiones extranjeras.

Rafael Correa, conocido especialmente por su función como presidente de Ecuador, es además economista Doctor en Economía por la Universidad de Illinois (EEUU, 2001). Como tal fue invitado a la Technische Universität de Berlín, en la que ofreció una conferencia ante más de 1700 personas, de las cuales recibió numerosas ovaciones.

Según datos de la universidad, la organización del evento había recibido más de 7000 peticiones para asistencia como público, la mayor parte de las cuales tuvo que ser declinada por el aforo limitado de la sala.

Resulta interesante el contraste de una acogida tan masiva para un presidente de un país “pequeño”, si se la compara con la recepción bastante distinta sufrida por el presidente español Mariano Rajoy en su visita a Angela Merkel semanas antes, evento aprovechado por los residentes españoles en Berlín para protestar frente al actual presidente español.

Desde Revista Berlín fuimos preparados para ofrecer a nuestros lectores la máxima información posible sobre dicha conferencia. Nuestra sorpresa fue mayor cuando, días después de celebrada, encontramos una grabación completa de la misma subida en Youtube.

Preferimos dar solamente un par de pinceladas a modo de resumen sobre lo dicho por el profesor y presidente Rafael Correa. Recomendamos encarecidamente el visionado del vídeo de la conferencia, ya que nos resulta casi imposible poner en palabras el carisma y la capacidad de expresión de este dirigente latinoamericano.

Ecuador: un país de oportunidades

El señor Correa aprovechó la primera parte de su conferencia para ofrecer una imagen de Ecuador como un país lleno de potencialidades, que van desde el sector turístico hasta las posibilidades para inversiones y la investigación puntera en energías de futuro.

La biodiversidad y la sociedad pluriétnica (14 nacionalidades incluidas dos reservas en aislamiento voluntario) fue destacada por el presidente como símbolo de la riqueza humana y natural del país.

Igualmente destacó con énfasis los logros sociales de su país en la última década. Ecuador se encuentra entre los primeros puestos en los rankings que numeran el nivel de felicidad humana o el índice de crecimiento económico.

Aunque siguen existiendo desigualdades sociales sobre las que continuar trabajando, el presidente presumió del esfuerzo de su gobierno en este sentido: en los últimos años más de 1 millón de ecuatorianos habría salido de la pobreza y, con el 4,1% , sería el país con un índice de desempleo más bajo de Latinoamérica.

A modo de ejemplo: las inversiones en educación se han multiplicado y más de 40.000 personas con algún tipo de discapacidad han entrado a formar parte del mercado laboral.

Rafel Correa: “Amigos europeos, no repitan nuestros errores”

En la segunda sección temática de su conferencia, a la dedicó la mayor parte del tiempo de la tarde, Rafael Correa se centró en analizar el tema al que consagró su tesis doctoral: la deuda externa.

En poco más de una hora resumió el Doctor en Economía y actual presidente de Ecuador su posición sobre el tema: no se trata de una crisis productiva, sino a una crisis financiera derivada de la necesidad de colocar activos de liquidez excedentes. Este exceso de colocación de deuda se gira en crisis financiera al cerrarse el “grifo” del crédito y ahogar al país endeudado.

En su opinión se trata de una crisis política, no técnica, que se soluciona con voluntad política. En este sentido se establece la disyuntiva que atenaza a Europa actualmente, a lo que llamó el gran desafío: “que la economía no busque satisfacer los intereses del capital sino del bienestar humano”.

Desde esta perspectiva vino su recomendación: “amigos europeos, no repitan nuestros errores”. No subordinen la economía al pago de la deuda porque eso llevará a la destrucción de la economía y el empobrecimiento general.

La larga argumentación nos parece sólida por los datos ofrecidos, pero preferimos que nuestros lectores la escuchen de primera mano en el vídeo de la conferencia al inicio del artículo.

Solamente cerramos con una anécdota sobre lo que el presidente Correa llama la burocracia internacional (FMI, BM). Según cuenta, llegó un momento tan paradójico de la vida institucional del país en la subordinación a dichas agencias internacionales, que cuando fue elegido ministro de economía en el año 2005 y pidió la cesión de un espacio de trabajo al Banco central de Ecuador en su sede, éste le exigió el pago de un alquiler por el uso de dicho espacio. Paradogicamente, el FMI (Fondo Monetario Internacional) disponía de una planta completa del edificio que había recibido a coste 0.

La velada en la Universidad finalizó con una entrevista realizada por Harald Neuber, redactor del portal Amerika21, la cual lamentablemente no ha sido recogida por el vídeo de la conferencia al tratarse de una traducción sumultánea.

Entrevista en España a Rafael Correa por Ana Ibáñez (RTVE)

A la vuelta de su vieje por Alemania, el señor Correa pasó por suelo español. La escala fue oportunidad para una entrevista por parte de Ana Ibáñez, presentadora de La noche en 24 horas (RTVE).

El estilo de la entrevista se diferenció mucho del trato respetuoso recibido por Rafael Correa en los medios alemanes. El tono inquisidor de la entrevistadora, hábilmente enfrentado por el presidente, dejaba en entredicho la actitud de numerosos medios de comunicación españoles respecto de los presidentes electos de Latinoamérica, a los que tratan con ciertos dejes de paternalismo colonial más propio de tiempos pasados.

Pedro Aranda // Revista Berlín

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